Es la primera novela experimental de Woolf, donde ya desarrolla su estilo modernista. Narra la vida de Jacob Flanders desde su infancia hasta su temprana muerte en la Primera Guerra Mundial. La obra no sigue una trama lineal tradicional, sino que presenta fragmentos, impresiones y perspectivas de distintos personajes que rodean a Jacob. Más que en los hechos, se centra en la percepción, la fugacidad del tiempo y la imposibilidad de captar la esencia completa de una persona.

