En esta novela íntima y punzante, Leila Sucari explora los vínculos familiares, la maternidad y las tensiones del lenguaje como territorio de conflicto y construcción identitaria. A través de una prosa contenida y emocionalmente precisa, la narradora indaga en las fisuras de la vida cotidiana, en aquello que cuesta decir y en lo que se hereda —palabras, silencios, mandatos— entre generaciones. Una obra sensible y contemporánea que reflexiona sobre cómo el lenguaje moldea nuestras relaciones y nuestra memoria.

