El pasaje de la poesía a la narrativa no supone, en el caso de Pedro L’Eveque, pérdida alguna. Sino, una reformulación y una apropiación del género en los propios términos que, siempre y ante todo, son poéticos. En estos relatos hay un estirarse de la lírica en renglones turgentes, escenas que fluyen a medida que la trama se va construyendo (o desarmando) y, al igual que en la poesía, el lenguaje y las formas de nombrar lo abarcan todo. ¿Sus temas? La espera, la vuelta, la búsqueda, la exaltación. ¿De qué? De la experiencia y del acto poético que, como siempre, se lo puede encontrar donde menos se lo espera.