Shirotani avanza con esfuerzo en su terapia, enfrentándose a situaciones que desafían sus límites emocionales y físicos. La relación con Kurose se torna cada vez más cercana y compleja, difuminando la línea entre paciente y terapeuta. El conflicto interno de Shirotani crece, atrapado entre el deseo, la culpa y su trastorno.
Ivrea
